“Mr. Parkinson me está pisando los talones”: la batalla que enfrentó el Indio Solari
La muerte de Carlos Alberto Solari a los 77 años volvió a poner en primer plano la enfermedad que marcó gran parte de sus últimos años. El cantante, fundador de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y líder de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, convivió durante más de una década con el Parkinson, una patología neurodegenerativa que fue limitando progresivamente sus movimientos y modificando su vida cotidiana. A pesar de esas dificultades, mantuvo una intensa actividad creativa hasta el final de su carrera.
Durante varios años, el músico evitó revelar públicamente el diagnóstico. Sin embargo, distintas apariciones y entrevistas comenzaron a despertar preguntas entre sus seguidores. En 2015 hizo una referencia indirecta a su estado de salud durante una conversación con Mario Pergolini. En aquella oportunidad afirmó: “Tengo una enfermedad malvada que hay que tener en cuenta”. Luego agregó: “No es cáncer ni HIV”. Aunque no brindó mayores detalles, sus palabras alimentaron las especulaciones que circulaban desde hacía tiempo dentro del ambiente artístico.
Meses después decidió hablar abiertamente del tema. En marzo de 2016, durante un recital multitudinario realizado en Tandil ante unas 150.000 personas, confirmó lo que hasta entonces era un rumor. Frente a su público expresó: “Veo que en Internet está circulando con mucha fuerza la versión de que estoy muy enfermo y es verdad”. Luego pronunció una frase que quedó grabada en la memoria de sus seguidores: “Mister Parkinson me está pisando los talones, pero acá estoy, hace rato que eso pasa, pero les aseguro que no me voy a bajar tan fácil de un escenario”.
A partir de ese momento, Solari comenzó a compartir con mayor frecuencia aspectos de su experiencia personal. En distintas entrevistas explicó cómo la enfermedad afectaba su cuerpo y describió las limitaciones que enfrentaba diariamente. En lugar de los temblores característicos que suelen asociarse al Parkinson, el músico relató que sufría fuertes contracturas musculares. Con el paso del tiempo reconoció que esas molestias condicionaban cada vez más su movilidad y reducían su capacidad para sostener el ritmo de los recitales.
La despedida de los escenarios se produjo de manera gradual. Tras el multitudinario show de Olavarría en 2017, el artista dejó de realizar presentaciones masivas. Más adelante admitió que las posibilidades de regresar eran cada vez menores. En una entrevista de 2020 explicó: “El Parkinson es muy molesto, muy doloroso”. Finalmente, en 2023 confirmó que no volvería a ofrecer conciertos en vivo debido al avance del cuadro clínico.
Aun así, nunca dejó de crear. Durante una entrevista concedida a una emisora española en 2022, describió con crudeza la evolución de la enfermedad. Allí sostuvo: “Es una enfermedad muy jodida, muy invalidante, voy camino a eso...se nota la progresión, el éxito que va teniendo el profesor Parkinson con mi vida. Pero también tengo la posibilidad de hacerme un tratamiento que me mantiene...yo estoy en ascensión hace como siete años ya”. En la misma conversación también reveló cómo enfrentaba el dolor cotidiano a través de distintas actividades artísticas.
“Sinceramente me siento bien, inclusive me abstraigo mucho del trabajo, estoy pintando, escribiendo y mucho, porque es la manera de apartarme del dolor permanente de esas contracturas que el cuerpo tiene, abstraído en esas cosas. Ahora, cuando dejo de hacerlas, en los horarios de descanso, se viene el golpe. No es sopita, es una enfermedad jodida. Pero por el momento no me impide en absoluto hacer lo que a mí me interesa, me gusta y lo que decidí hacer hace 40, 50 años”, explicó el músico.
El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa crónica que afecta principalmente el control de los movimientos. Los especialistas la consideran la segunda afección neurodegenerativa más frecuente del mundo después del Alzheimer. La patología aparece cuando las neuronas encargadas de producir dopamina comienzan a deteriorarse progresivamente. Como consecuencia, los pacientes pueden desarrollar rigidez muscular, lentitud motora, dificultades para caminar, alteraciones del sueño y trastornos cognitivos.
Actualmente no existe una cura definitiva, aunque diferentes tratamientos permiten mejorar la calidad de vida. La medicación, la rehabilitación física y el acompañamiento multidisciplinario resultan fundamentales para retrasar el deterioro funcional. Solari destacó en varias oportunidades la importancia de esos recursos y también reflexionó sobre las desigualdades existentes en el acceso a la atención médica.
“En general la gran pregunta que me hago es cómo hace...porque todo el todo tiempo jode, estás contracturado. A mí no se me da por temblar, me agarra como una contractura que quedo como un enano de yeso. Pero me imagino y me emociona eso también porque es una de las problemáticas sociales, lo que pasa con un tipo que tiene la misma enfermedad que yo y no tiene ni kinesiólogo, ni la apomorfina, ni la pileta con agua tibia para hacer su gimnasia de elongación. Debe ser un padecimiento infinitamente mayor y encima creo que en un par de años se lo lleva”.
Incluso lejos de los escenarios, el Indio encontró refugio en la pintura, la escritura y la producción musical. Esas actividades le permitieron continuar vinculado con el arte mientras enfrentaba una enfermedad que avanzó silenciosamente durante años. Su experiencia personal también contribuyó a visibilizar una patología que afecta a millones de personas en todo el mundo y que continúa representando uno de los principales desafíos de la medicina moderna.