
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, advirtió este martes que la ofensiva militar contra Irán “aún no ha terminado” y reafirmó que el objetivo de las operaciones conjuntas con Estados Unidos es debilitar al régimen de los ayatolás hasta el punto de que sea el propio pueblo iraní quien ponga fin a su gobierno.
“Nuestra aspiración es llevar al pueblo iraní a romper el yugo de la tiranía; en última instancia, depende de ellos. Pero no cabe duda de que, con las acciones llevadas a cabo hasta ahora, les estamos quebrando los huesos, y aún no hemos terminado”, declaró Netanyahu durante una visita al Grupo de Trabajo Nacional de Salud junto al ministro de Sanidad, Haim Katz.
Las declaraciones llegan en medio de señales contradictorias sobre el futuro del conflicto. El presidente estadounidense, Donald Trump, sugirió el lunes que la guerra podría estar cerca de su fin al afirmar que la considera “muy completa, prácticamente terminada”, lo que provocó una fuerte caída en los precios del petróleo y un repunte en los mercados bursátiles de Europa, Asia y Wall Street.
Desde el inicio de la ofensiva el 28 de febrero, Israel y Estados Unidos ejecutaron bombardeos que, según el portavoz del Ejército israelí, Effie Defrin, provocaron la muerte de 1.900 soldados y comandantes del régimen iraní. La ONG Human Rights Activists News Agency (HRANA) cifra en más de 1.100 los civiles iraníes fallecidos desde entonces.

Entre las bajas más significativas se encuentra el líder supremo de Irán, Alí Khamenei, quien murió durante la oleada inicial de bombardeos y fue sustituido recientemente por su hijo, Mojtaba Khamenei, al frente del régimen. Israel sostiene que su campaña busca desmantelar el liderazgo de los ayatolás y debilitar las capacidades iraníes en materia de misiles balísticos y armamento nuclear.
Irán, por su parte, no dio señales de retroceder. Los Guardianes de la Revolución afirmaron que serán ellos quienes “determinen el fin de la guerra”, mientras fuerzas iraníes lanzaron cinco misiles contra la base aérea Al-Harir, en la región kurda de Irak. En paralelo, el canciller Abbas Araghchi descartó nuevas negociaciones con Washington y sostuvo que Teherán tuvo una “experiencia muy amarga” en rondas anteriores de diálogo.

















