Padre e hijo surgidos de la UNT proyectan la agricultura sustentable

Dos generaciones formadas en la universidad pública aplican saberes y desarrollan métodos que impactan en producciones locales y extranjeras.

Tucumán28 de noviembre de 2025Canal 10Canal 10
padre e hijo
Padre e hijo surgidos de la Universidad Pública

El trabajo de Juan Fernández y Facundo Fernández muestra cómo la ciencia conecta generaciones y cómo la formación universitaria impulsa cambios en distintas producciones. Ambos aplican conocimientos adquiridos en la Facultad de Agronomía y Zootecnia de la UNT y sostienen procesos que hoy influyen en campos separados por miles de kilómetros. Por esta razón, su historia permite observar cómo la transmisión familiar de saberes puede orientar el rumbo de cultivos que enfrentan desafíos productivos.

Hace un año y medio, Facundo Fernández se instaló en Queensland, en el noreste de Australia, y asumió la dirección de una finca dedicada a la producción de higos mediante un sistema hidropónico. Explica que trabaja como “manager del cultivo: producción, manejo de plantas y coordinación del personal”. También detalla que la hidroponia utilizada se basa en macetas con fibra de coco y riego por goteo, donde “el control es exacto: se aplican solo los nutrientes necesarios”. Luego señala que opera un invernadero administrado por software, con calefacción interna y autoelevadores que permiten cosechar higos en plantas que alcanzan siete metros. Incluso admite que implementar ese modelo en Argentina sería posible, aunque aclara que “la inversión inicial es muy alta”. Remarca la importancia de su formación al afirmar: “La formación que recibí en la Universidad de Tucumán es excelente. Me sirvió para trabajar allá sin problemas. Lo único desafiante fue el inglés australiano”. 

higos

Mientras tanto, Juan Fernández sostiene un enfoque distinto y orientado al control biológico en la zona frutihortícola de Lules. Él desarrolló un sistema que permite pasar de 35 o 40 aplicaciones de agroquímicos en tomates a una sola o ninguna. Su método incorpora trampas de feromonas que atraen machos de la plaga tuta absoluta. Juan explica que la feromona “se sintetiza y se coloca en un recipiente con agua y aceite. El macho cae ahí y muere”. Señala que cada captura equivale a 200 huevos menos y permite reducir la presencia de la plaga durante toda la campaña. Además destaca que trabaja para mejorar cultivos de papa semilla y soja en los Valles tucumanos mediante bacterias benéficas capaces de controlar nematodos y larvas internas. Según afirma, esas bacterias “llegan a todos sus órganos y controlan la larva del picudo, consiguiendo lo que ningún otro producto puede alcanzar”.

Con el paso del tiempo, ambos consolidan una línea de trabajo que une innovación y formación pública, ya que aplican prácticas basadas en investigación y orientadas a modificar manejos rurales. Facundo fortalece la producción hidropónica al otro lado del mundo y Juan impulsa el control biológico en campos locales. Por eso, ambos muestran cómo la ciencia puede sostener procesos más eficientes y cómo la experiencia universitaria puede ampliar oportunidades en regiones diferentes.

La historia de Juan y Facundo exhibe un vínculo que excede los límites geográficos y que confirma la importancia de la transferencia de conocimientos. Ambos evidencian cómo la ciencia aplicada puede generar impacto a través de generaciones y cómo la universidad pública puede impulsar transformaciones duraderas en la producción de alimentos en varios territorios.

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