
Para costear el combustible y la comida, Natalia apela a sus ahorros de toda la vida: “Para un proyecto de vida”, justifica. Eduardo, por su parte, empezó a ahorrar desde que ella le lanzó la propuesta: “Me dijo: ‘Vamos de viaje’. Y yo recién ponía un peso en el chanchito”, recuerda entre risas. Hoy, complementan su presupuesto vendiendo collares y stickers en cada plaza donde frenan.
A través de su cuenta de Instagram, @momentoderodar, documentan los paisajes y la hospitalidad de los pueblos, como ocurrió en Londres (Catamarca), donde fueron agasajados por la municipalidad. Para ellos, el desapego material es el precio justo a pagar por una colección inagotable de vivencias.
















