A 30 años de la muerte de Gilda: de maestra jardinera a mito popular

El 7 de septiembre de 1996, Miriam Alejandra Bianchi, conocida como Gilda, murió a los 34 años en un trágico accidente ocurrido en la Ruta Nacional 12, en Entre Ríos.
Arte y Espectáculos07 de septiembre de 2026Gonzalo MohamadGonzalo Mohamad

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El 7 de septiembre de 1996, un trágico accidente en la Ruta Nacional 12 terminó con la vida de Miriam Alejandra Bianchi, conocida popularmente como Gilda. Tenía 34 años y viajaba junto a su banda hacia Chajarí cuando el micro en el que se trasladaba chocó con un camión.

La tragedia ocurrió al atardecer, bajo una intensa lluvia, en el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12, en Entre Ríos. Un camión realizó una maniobra en una curva y el impacto fue inevitable. El accidente dejó siete personas fallecidas, entre ellas la cantante que comenzaba a conquistar al público de la movida tropical.

Antes de los escenarios, Gilda era maestra jardinera y vivía en Villa Devoto. En medio de una crisis económica y de un matrimonio en crisis, encontró en un aviso clasificado del diario Clarín la oportunidad de cumplir un sueño postergado: buscaban una voz femenina para integrar un grupo musical.

Así conoció a Toti Giménez, quien se convirtió en su aliado, socio y compañero de camino. Juntos atravesaron los primeros años de una industria que les impuso obstáculos, contratos abusivos y rechazo, mientras Gilda intentaba hacerse un lugar en un ambiente dominado principalmente por hombres.

A comienzos de los años 90, la cantante rompió con los estereotipos de la cumbia de aquella época. Su propuesta combinaba una imagen sensual sin caer en la cosificación y canciones con las que muchas mujeres de barrio podían sentirse identificadas. En 1994, escribió en su diario: “Nunca bajar los brazos”, una frase que reflejaba su lucha para avanzar mientras criaba a sus hijos y recorría distintos escenarios.

Cuando murió, Gilda todavía soñaba con alcanzar una mayor popularidad. Con el paso del tiempo, sus canciones se transformaron en himnos populares y comenzaron a ser cantadas por hinchadas de todo el país.

El lugar del accidente se convirtió en un santuario y su figura trascendió la música: llegaron películas, libros, discos póstumos y millones de reproducciones. A 30 años de su muerte, clásicos como “No me arrepiento de este amor”, “Fuiste”, “Se me ha perdido un corazón” y “Corazón Valiente” mantienen vigente su legado.

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