

Investigadores de la Universidad MacEwan, en Canadá, analizaron durante cuatro meses los hábitos alimentarios y de sueño de 1.082 estudiantes universitarios. El objetivo fue entender cómo influye lo que comemos en la calidad del descanso y, en especial, en la aparición de pesadillas. Los resultados sugieren una fuerte conexión entre los productos lácteos, los síntomas digestivos y los sueños perturbadores, sobre todo en personas con intolerancia a la lactosa.
El estudio, publicado en la revista Frontiers in Psychology, se basó en encuestas detalladas sobre comidas, tipo de sueño, pesadillas frecuentes y percepción de los alimentos. Aproximadamente el 40 % de los encuestados dijo que su alimentación influía directamente en su descanso. Dentro de ese grupo, el 24,7 % creía que empeoraba su calidad de sueño. Y el 5,5 % señaló que afectaba sus sueños.
Los alimentos que los estudiantes más relacionaron con sueños extraños o perturbadores fueron los postres (29,8 %) y los productos lácteos (20,6 %). En cambio, frutas, infusiones y verduras se asociaron con un sueño más tranquilo y reparador.
Lactosa y pesadillas
Uno de los hallazgos más relevantes fue la relación entre intolerancia a la lactosa y pesadillas. Las personas que presentan esta condición informaron con más frecuencia sueños alterados luego de consumir productos como queso, leche o yogur. “Muchas personas intolerantes a la lactosa consumen productos lácteos de todos modos”, explicó Tore Nielsen, neurofisiólogo del sueño y autor principal del estudio.
Nielsen señaló que los síntomas como hinchazón o calambres pueden manifestarse incluso si la persona no se despierta del todo. “Cuando duermen, estas personas pueden sentir, de manera consciente o no, señales somáticas y orgánicas sutiles”, afirmó. Para el especialista, esas sensaciones físicas pueden filtrarse en los sueños y alterar su contenido.
De hecho, la ciencia del sueño sugiere que los sueños pueden reflejar señales internas antes de que aparezcan síntomas físicos visibles. “Soñar con un incendio puede preceder a un brote de fiebre”, ejemplificó el investigador. Es decir, los sueños podrían estar captando señales corporales aún no reconocidas por la mente consciente.
Otro posible factor son las emociones negativas vinculadas al malestar físico. Nielsen explicó que “sabemos que las emociones negativas experimentadas en estado de vigilia pueden prolongarse en los sueños”. Por eso, si alguien atraviesa ansiedad o incomodidad durante el sueño debido a lo que comió, es probable que ese estado emocional influya en lo que sueña.

Qué pasa con el gluten
Curiosamente, el estudio no encontró una relación clara entre el gluten y las pesadillas. Los investigadores creen que podría deberse a la baja cantidad de personas con esa intolerancia en la muestra. O, simplemente, a que los efectos del gluten son distintos a los de la lactosa en el cuerpo y la mente.
Si bien el estudio no prueba una relación directa y definitiva, sí abre el camino a nuevas investigaciones. Los científicos ahora quieren entender mejor si las personas duermen mal porque comen mal, o si comen mal porque duermen mal. Las próximas etapas del estudio intentarán responder esas preguntas.
Mientras tanto, los investigadores recomiendan observar cómo reacciona cada cuerpo después de cenar ciertos alimentos. La conexión entre lo que ingerimos, lo que sentimos y lo que soñamos parece ser más profunda de lo que creíamos.
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